lunes, julio 05, 2021

Cada Loco con su Manía

sin consciencia no hay color
¡a ratos se me va la pinza!

¿Has parado alguna vez a reflexionar sobre algo cotidiano, que siempre ha estado ahí, y que al ponerle un poquito de atención se te abre en un abanico lleno de colores, significados, anécdotas, etc.?

Pues as mi me pasa bastante a menudo cuando pongo atención a lo que hago, cuando estoy presente en el aquí y ahora, y más aún cuando consigo ser testigo de mi misma (cuando puedo mirarme desde fuera y ver cómo me relaciono con lo que está pasando; qué me pasa a mi mientras desarrollo lo que sea).

En este post cuento como una tarea del hogar - en este caso la ropa - me ha llenado de vida, de arte, de cuentos, de descubrimiento y de risa.






MI PRIMERA EXPERIENCIA DE FELICIDAD PLENA


Fue en Camorritos (Cercedilla), donde viví en dos ocasiones de mi trayectoria en España.

Tenía 27 años de edad. Acabada de mudar a vivir con mi novio y hacían pocos meses que vivía en este lado del charco. Estaba tendiendo la ropa en la parte de atrás de la casa que veis en la foto.

Alzo mi vista y veo los siete picos. Amplio mi mirada y soy consciente de la belleza del lugar, del bosque, del sonido del riachuelo y de los pájaros, del mugido a lo lejos de una vaca, de la pequeña piscina de agua mineral. Miro mis manos sujetando una camiseta y al tendal. El presente se hace más presente. Siento que se para el tiempo. De pronto me doy cuenta de que mi vida esta en mis manos (¡literalmente también!), que la cuido y que vivo en el paraíso. Y de pronto mi pecho se expande. Mi cuerpo se conecta con el paisaje y siento una sensación de plenitud intensa, la primera vez en mi vida.

A partir de ahí, el antes simple acto de tender la ropa, ganó un lugar especial en mi vida. Me recuerda, de vez en cuando, que mis cuidados y mi vida están en mis manos. Empecé a observar a las tareas cotidianas con un cariño especial. Como portales que me pueden llevar a una experiencia transcendental.


LA PIRÁMIDE EFÍMERA

FOTO: localtelevision.es/blog

Es la típica pirámide de ropa que siempre está dando vueltas por la casa. Adquiere distintas formas y a veces tiene el poder de estar omnipresentemente en todas ellas. Hoy en día considero todo un éxito cuando ella está presente en apenas una de sus categorías.

Se puede presentar como:

Pirámide de ropa sucia (su hábitat natural puede ser cualquier rincón de la casa, preferentemente los cestos destinados para tal fin. A veces salen espontáneamente, asilvestradas, debajo de las sábanas, detrás de las puertas, dentro del bidé...) 

  • Pirámide de ropa limpia para tender (esta suele vivir dentro de la lavadora)
  • Pirámide de ropa limpia y seca para doblar (vive en mi habitación, a ratos encima de la cómoda o de mi cama. Aquí en casa hemos aniquilado la pirámide de la plancha; ¡no me imagino cómo sería tener una pirámide más!)
  • Pirámide de ropa doblada para ser guardada (tiene dos espacios preferidos: encima de mi cama, o de las camas de sus dueños. A veces se rebelan y aparecen por los suelos - ¡¡¡eso me pone de los nervios!!!)
  • Pirámide de la ropa desaparecida (posiblemente sin forma definida, nadie jamás la ha avistado y no se sabe dónde se encuentra. La responsabilidad de no tener el mapa correspondiente para encontrarla frecuentemente recae a alguien ajeno a nosotros. Es un misterio que aun esta por resolver, así como el del duende del calcetín - ¡seguro que existe!. A veces suelta prenda, y  algo desaparecido aparece en los sitios mas insospechados)

Antes la llamaba "la pirámide maldita". Eso era cuando me hartaba de la tarea y aún tenía la ingenua idea que algún día podría finalmente demolerla en todas sus formas y vencer su ciclo de transformación y reproducción. Un día, pensando en escribir este artículo, me di cuenta del peso negativo que daba al fenómeno de las pirámides por el adjetivo que solía usar para acompañarlo.

Con la palabra "maldita" (mal dicha) maldigo también a la vida misma. Prefiero, desde entonces, bendecirla (bien decir). Si hay ropa dando vueltas por la casa es sinónimo que de hay gente por aquí, que aun somos muchos los que compartimos nuestras vidas bajo este techo - y me siento afortunada por ello. De esta reflexión salieron unas cuantas otras, de carácter más filosófico (lo rápido que pasa la vida; todas mis hijas ya son adolescentes y pronto tendremos poca ropa que lavar en casa; probablemente ya he vivido la mitad de mi existencia; qué me deparará en mi época otoñal y invernal... y más). Reflexiones que  vosotrxs imaginaréis por donde van, y que os ahorraré en esta lectura, que al final quiero hablar hoy de lo cotidiano.


EL TENDAL EN UN PUEBLO DE CANTABRIA

https://conunojoabiertoelotromirando.wordpress.com/2018/06/03/ropa-tendida/#comments

Sé que pasa en muchos pueblos de Cantabria y puede que ocurra también en otros sitios del mundo. Si lo has visto, cuéntame donde. Y si tienes una fotografía, me encantaría verla.

Antes mismo de haberme mudado a Cantabria, venía a ensayar una vez a la semana y, a veces por motivos de toque, me quedaba unos días en casa de mis anfitriones y muy queridos amigos EB y MC en Hinojedo.

En uno de estos viajes, tuve la osadía de querer ayudar a mi amiga a tender la ropa de su casa (ella es también madre de familia numerosa). ¡¡¡CUIDADO!!! No me dejó ayudarla, yo podría causar problemas... Fue la primera vez que puse atención en lo especialitos que somos todxs con el asunto tender ropa. 

Me cuenta mi amiga que lo que contaré enseguida no es cosa suya, sino de su suegra (ganadera, madre que sigue cuidando los usos y costumbres de la zona rural), cuyas casas son contiguas. Tiene el habito de tender la ropa de mas larga a mas pequeña, de tal manera que terminada la faena, parezca una escalerita. Es realmente muy estético y bonito pero para mi amiga se transformó en una restricción. 

Imagínate que estás tendiendo a la par que categorizando la colada en prendas de mas grande a mas pequeña y a medio tender te das cuenta que dejaste prenda por colgar. Se ha de descolgar todo hasta llegar al hueco correcto del largo de la pieza y volver a colgarlo todo en su debido orden. La tarea se hace con una presencia más real y también requiere más tiempo para ello. Mi amiga comparte conmigo que muchas veces el tema ha dado algún quebradero de cabeza. Su suegra lo destiende y lo vuelve a tender si no lo está hecho de manera correcta. En todo esto se refleja no sólo unos usos y costumbres sino la preocupación (muy común y más presente en los pueblos) de ¿Qué va a pensar el vecino?

Cómo dice mi querido hermano P, "cada uno con su cada cual". Yo también tengo lo mío.

Después de ampliar mi mirada a los tendales con esta peculiar experiencia, pongo más atención cuando voy observando los paisajes. Me es muy armónico ver a un tendal de tales características y el paisaje me pasa a parecer un cuadro. 

Empecé a poner más atención a mis propios hábitos de tender la ropa. Y me percaté, ¡SORPRESA!, de mi TOC particular.






TOC-TOC-TOC... ¿HAY ALGUIEN AHÍ?

Mi madre me ha enseñado de pequeña como tender la ropa y confieso que he asumido su argumentario ciegamente y reproducido hasta hace poco. Si lo hice con algo tan cotidiano como el tender una ropa, ¿cuánto más, qué más, habré introyectado sin haberlo cuestionado todavía? Para descubrirlo sigo en terapia (es maravilloso poder estar conmigo e ir conociendo mi esencia), liberándome de los mandatos familiares o, en algún caso, integrándolos conscientemente como míos. 
Las camisetas, jerseys, camisas de manga larga se deben tender por debajo del sobaco: así no se deforma la pieza y es más fácil el planchado. Los pantalones se tienden de la cintura.

Con el pasar de los años, habiendo pasado a mis hijas las enseñanzas de mi madre, mi di cuenta que para mi ya no valía esta manera de tender. Ahora prefiero tender tanto camisetas, jerseys, etc., cogidos de la parte baja, así como los pantalones por los bajos. Me parecen que salen más lisos y respetan mejor mi hábito de no planchar.

Cuanto más observo los tendales ajenos, más veo que hay inúmeras maneras de tender y todas me parecen buenas. Con mis hijas compartí alguna vez mis reflexiones sobre el tema mientras tendíamos juntas las ropas y creo que deben encontrar su propia manera de realizar esta tarea, la que para ellas haga sentido - y así con otras cosas en la vida.

Pero el como tender la ropa no es realmente TOC personal.



Un día me percaté que rebuscaba en la cestita de las pinzas de ropa. No encontraba el azul. Me reconocí un poco alterada, necesitaba el azul. Ya había usado una pinza azul para una de las piernas de un pantalón y necesitaba la otra del mismo color. Miré el tendal a medio tender. Cada una de las piezas de ropa estaban tendidas con un par de pinzas del mismo color.

Siempre fui consciente de que usaba el mismo color para las 2 pinzas de cada pieza, lo que no me había dado cuenta es de cómo me alteraba si no conseguía la simetría. 

Aquel día decidí hacerme terapia de choque. Iba pillando pinza a pinza sin mirar, y con la que venía a mi mano, tendía la ropa. No os puedo contar lo que me pude reír de mi misma - era liberador y reconozco que también agobiante. Me daba cuenta de que estaba realmente condicionada. Aunque me pareciera una "manía bella" me restringía otra posibilidad. Sigo prefiriendo un tendal armónico con los colores de las pinzas. Y sigo también dándome de vez en cuando una sesión de flexibilidad y espontaneidad.

Sumemos otra manía mas: en tendales paralelos, tiendo la ropa mas larga más cerca de la pared y la ropa más pequeña en la parte de fuera. Imagino que se ventilará mas así, y que el aire pasará más libremente en las ropas de detrás. Aunque en mi idea, y supuestamente en mi comprensión de la física (que es tirando a nula), eso tiene sentido, no sé cuanto es realmente relevante y cuanto es simplemente otra expresión más de mi "sabelotodismo" justificando una rigidez.

Imagino cómo sería un tendal mezclando la idiosincrasia del tendal de mis amigos y el del mío. Y si rizo el rizo, que mis pinzas sean colocadas en orden de degradado. ¡Seria precioso!. Quien sabe algún día me animo a plasmar esto que, además de una pequeña e inocua manía, es también arte efímero.


LA ENSEÑANZAS QUE ME DA LA ROPA


He aprendido mucho más que lo relatado aquí. Hay aprendizaje también en la metedura de pata cuando lavo algo de alguien que no me lo pidió y me sale rana (o porque necesitan la prenda y esta mojada, o porque se encogió, o porque se manchó...) - menuda lección de humildad; cuando negocio con los demás lavadoras, tender, guardar (depende del día puede salir un sarau bastante intenso con esto); si es ropa nueva o vieja, o de trabajo; la cantidad de mierda que puede guardar una prenda ganadera; el universo mágico de los bosillos (a mi me sigue sorprendiendo); las horas de búsqueda en google de cómo quitar tal o cual tipo de manchas y odores, etc.., las interminables reflexiones sobre la sostenibilidad de la moda - y traerlas a tu vida de manera responsable y coherente (ni siempre logro), y más.

Os lo dejo en vuestra mano y a vuestra imaginación profundizar nuevos temas. Imagino que cada unx de vosotrxs habéis tenido vuestra cuota de elucubraciones mentales con alguna tarea cotidiana.

Si me queréis contar, me encantará escucharos.





 

miércoles, mayo 05, 2021

10 años después del ultimo post...

Figura y fondo: blanca sobre negro...

 Y aquí me encuentro yo, sentada frente al ordenador, intentando encontrar una manera de resumir todo lo vivido para que estemos al día.

¡¡¡Y es simplemente imposible!!!

La granja de Frómista fue una linda experiencia llena de sucesos, encuentros y desencuentros. Terminó de manera dura e inesperada. Hasta la fecha llevo trabajando el duelo de su pérdida y los demás problemas advenidos de ello. Creo que esta digestión será aún larga, ya de por vida, aunque sepa que el cambio ha sido también liberador.

Luego han venido cuatro intensísimos años en la granja de Cercedilla (la antes Río Pradillo) con el acercamiento a tanta gente interesante de tribus tan divergentes. Aprendí nuevos oficios, viví el estrés de llevar un proyecto tan grande y complejo. La falta de horas de descanso y ocio, el exceso de responsabilidad y el distanciamiento gradual de mi dedicación como madre y ama de una casa que no sentía mía.

Todo eso me llevó a desear un cambio de vida, un giro diferente para mi futuro. La sensación de estar atrapada y de no tener derecho a quejarme (¡al final era una mujer de éxito!) y la insatisfacción creciente me llevaron a volver a terapia y posteriormente a plantearme mi nuevo camino.

Ingresé a la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt y mi proceso personal ha ganado impulso.

Hoy, casi tres años después de trabajo terapéutico, me encuentro caminando una nueva vida en España: cambio de provincia (Cantabria, ¡finalmente! - era un sueño antiguo), con tiempo para mi casa e hijas, acompañando procesos terapéuticos como psicóloga clínica (por ahora mayormente online y ya con ganas de encontrarme una sala para atendimientos presenciales) y participando de dos grupos de música antigua. Volver a mi primera profesión y a mi vocación musical dan renovado sabor a mi vida.

Continuo en contacto con el campo, no os alarméis, y también con los asuntos biodinámicos - mi pareja tiene nueva granja láctea y le echo una mano de vez en cuando. La cercanía a la naturaleza y el intercambio con la Madre Tierra ha entrado inexorable y definitivamente bajo mi piel. Es parte de mi creo que ya para siempre y  quiero seguir nutriendo este aspecto también.

Abro la nueva etapa cuidando consciencia ecológica, personal y espiritual. Buceando dentro y encontrando mi sitio fuera.

Recupero este blog como forma de estar conmigo y con vosotros a la vez. Si quieres, por aquí puedes acompañar mi andadura personal y mis elocubraciones.


Que poderoso es el proceso terapéutico, ¡que bonitas transformaciones alberga! Agradecida a todos los terapeutas que fui encontrando por este camino, por ayudarme a darme cuenta de lo mio. Gracias.

Juego de Tronos a la luz del Conductismo

     El cine ha retratado el comportamiento humano de diversas maneras. En la realización de este trabajo ilustraré algunos aspectos del con...